Los efectos nocivos de las búsquedas en redes y IA aparecen constantemente entre los relatos de las personas que conviven con un trastorno obsesivo-compulsivo; Los efectos nocivos de las búsquedas en redes y IA aparecen constantemente entre los relatos de las personas que conviven con un trastorno obsesivo-compulsivo;

“Me calma un rato, pero después es peor”. Pacientes y especialistas señalan otro efecto inesperado de las nuevas tecnologías

2026/03/12 19:29
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Gina De Piccoli llega puntual y elige una mesa junto a la ventana. Pide solo una limonada. “Prefiero comer en mi casa, me siento más tranquila”, explica en un tono calmo que contrasta con los pesamientos intrusivos que la acompañan día a día: “Apenas llegué, vi ese poste de luz y pensé que si lo toco capaz me electrocuto, me caigo, me muero… y me imaginé a mis papás recibiendo la noticia”, cuenta la nutricionista, de 34 años.

Entre una breve sonrisa y una pausa, agrega: “Dejé de usar buzos con tiras porque llegué a pensar que me iba a ahorcar. Es cansador vivir así. Hoy puedo decir que estoy bien, con tratamientos lo tengo controlado, pero siempre voy a convivir con el TOC”.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el trastorno obsesivo compulsivo (TOC) es un trastorno mental caracterizado por la presencia de, por un lado, obsesiones —pensamientos, impulsos o imágenes intrusivas— y, por el otro, compulsiones, conductas o actos mentales repetitivos destinados a aliviar la ansiedad que esos pensamientos generan. La OMS señala que los síntomas pueden variar a lo largo del tiempo y agravarse en momentos de estrés.

En medio de un contexto global donde se comienza a cuestionar con cada vez mayor frecuencia los distintos impactos en la salud mental de las nuevas tecnologías, psicólogos, neurocientíficos y especialistas en tecnología ponen la lupa sobre los pacientes con TOC. Muchas veces, afirman, el uso de redes sociales y de inteligencia artificial generativa refuerzan sus obsesiones y compulsiones.

“Las interfaces están diseñadas para sostener la atención y fomentar la repetición. Eso coincide peligrosamente con la lógica del TOC”, advierte Agustín Dellepiane, especialista en nuevas tecnologías. “El uso de inteligencia artificial como regulador emocional puede reforzar dependencia y validar sesgos obsesivos”, señala.

La hiperestimulación digital acelera todo aquello que en el TOC ya está en exceso: verificación, repetición y urgencia, explica Camila Steigmeier, psicóloga del Centro TOC Argentino. “Parte del tratamiento es aprender a dosificar pantallas”, dice.

“Buscás para tranquilizarte y terminás atrapada”

El cruce entre el TOC y las nuevas tecnologías aparece de forma constante en los relatos de las personas que conviven con este trastorno. Gina lo describe así: “Leía casos, comparaba síntomas, trataba de descartar escenarios. Eso me calmaba un rato, pero después volvía peor”.

Durante más de diez años, ella convivió con pensamientos intrusivos vinculados al suicidio sin un diagnóstico certero. “Me medicaban por ansiedad y yo sentía que algo no cerraba —cuenta—. Era una sensación de impulso, como si estuviera por hacer algo que no quería hacer. Eso es lo que más te agota”.

El diagnóstico de TOC llegó recién en 2022. Desde entonces combina medicación con terapia de exposición. “Parte del tratamiento fue volver a mirar escenas y contenidos que antes evitaba”, explica. “Sé que la tecnología puede jugar en contra: te informa y te confunde al mismo tiempo”, dice.

Azul tiene 16 años y convive con un TOC severo, de presentación cambiante. “La exposición no siempre funciona conmigo porque lo que me dispara cambia todo el tiempo”, cuenta la adolescente, que prefirió resguardar su apellido. “A veces es un pensamiento. Otras, una imagen. Otras, algo mínimo que aparece en el celular. No hay patrón fijo. No avisa”, detalla.

Su hermana mayor, Abril, recuerda escenas previas al diagnóstico. “Me pedía que no me fuera a dormir hasta que ella se durmiera. Decía que si yo cerraba la puerta, podía pasarle algo. En ese momento no sabíamos que era TOC”, explica.

La tecnología ocupa un lugar ambivalente, destaca Carolina, su madre: “A veces la ayuda a distraerse, a salir un poco de su cabeza. Otras veces aparece algo que le dispara angustia”, dice.

“A veces la ayuda a distraerse, a salir un poco de su cabeza. Otras veces aparece algo que le dispara angustia”, dice la madre de Azul

Pilar Velasco, psicóloga infantil y terapeuta familiar, explica que la tecnología no genera el TOC, pero puede intensificarlo. “Los algoritmos refuerzan obsesiones —afirma—. La lógica de buscar y encontrar alimenta la repetición”.

Detrás de este circuito hay una explicación científica: “Las plataformas digitales generan picos de dopamina que producen alivio inmediato. Ese alivio no resuelve la causa de la ansiedad. En pacientes con TOC, puede reforzar circuitos neuronales ligados a la compulsión”, explica Fabricio Ballarini, investigador en neurociencia.

Desde la mirada clínica, la psicóloga especializada en trastornos de ansiedad Andrea Cuchero explica que cualquier herramienta digital puede convertirse en una compulsión. “Algunas personas consultan a la inteligencia artificial para tranquilizarse: buscan síntomas, comparan, vuelven a preguntar. Eso deja de ser información y pasa a ser un ritual”, señala.

Pero también destaca que ciertas aplicaciones pueden ser útiles para registrar picos de ansiedad o recordar la medicación, siempre que formen parte de un tratamiento supervisado, y que a veces la tecnología funciona como una puerta de entrada a la consulta: “Muchas primeras consultas llegan después de búsquedas online o intercambios con inteligencia artificial. En algunos casos, con autodiagnósticos acertados. En otros, con mayor confusión”, dice.

Un arma de doble filo

“Cuando encontrás información bien explicada o a alguien que la cuenta con responsabilidad, te ordena”, señala Gina, y agrega: “El problema es cuando buscás para tranquilizarte y terminás atrapada”.

Su historia se viralizó después de un video que subió a TikTok. “Me escribieron cientos de personas que me decían ‘me pasa lo mismo’ -recuerda- Para muchos fue la primera vez que entendieron que no estaban solos”.

La odontóloga Natalia Moneta, de 47 años, fue diagnosticada con TOC a los siete, pero recién accedió a un tratamiento específico décadas después. “Durante años pensé que si contaba lo que me pasaba me iban a encerrar”, dice. Durante la pandemia, encontró en redes sociales un espacio de acompañamiento. “Empecé a participar en grupos de Facebook y encuentros por Zoom. Dejé de sentir que era la única”, cuenta. Hoy coordina espacios digitales para personas con TOC. “No reemplazan la terapia, pero ayudan a no aislarse”, dice.

Las nuevas tecnologías pueden tanto intensificar síntomas como acompañar el tratamiento, según el uso y el encuadre, sintetiza Rocío Lombarti, terapeuta cognitivo-conductual. La especialista considera que el TOC no nace de la tecnología, pero que “la tecnología lo moldea”.

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