El dato de inflación en Estados Unidos publicado esta mañana trajo, al menos en apariencia, algunas señales alentadoras. Según analizó John Kerschner, Global Head of Securitized Products y Portfolio Manager de Janus Henderson Investors, el índice de precios al consumidor (IPC) mostró una dinámica moderada que confirma que la inflación medida por los precios al consumidor sigue moviéndose en la dirección correcta.
El IPC general registró un aumento mensual de 0,27%, lo que deja la variación interanual en 2,43%. En tanto, el IPC subyacente —que excluye los componentes más volátiles— avanzó 0,22% en el mes y se ubicó en 2,47% interanual.
Ambos indicadores coincidieron prácticamente con las expectativas del mercado y marcaron el nivel interanual más bajo del IPC subyacente en casi cinco años, desde el salto inflacionario que siguió a la pandemia a comienzos de 2021. En ese contexto, la reacción del mercado de bonos fue prácticamente inexistente: los rendimientos apenas retrocedieron levemente.
Uno de los datos más relevantes del informe, según Kerschner, proviene del indicador conocido como Owner’s Equivalent Rent (OER) —una medida que estima el costo implícito de la vivienda para los propietarios—. Este componente registró una suba interanual de 3,17%, el nivel más bajo desde octubre de 2021, lo que sugiere que la presión sobre los costos de vivienda continúa moderándose.
El nivel actual del OER se ubica, de hecho, en una zona similar a la observada entre 2016 y 2020, cuando el mercado inmobiliario estadounidense ya se había recuperado de la crisis financiera global pero todavía no había experimentado el fuerte aumento de precios de las viviendas que siguió a la pandemia.
Sin embargo, el panorama no es completamente positivo. Kerschner advierte que el próximo dato de inflación medido por el índice de gastos de consumo personal —el PCE, que se publicará el viernes— probablemente muestre un panorama bastante menos favorable. Las estimaciones apuntan a una inflación superior al 3% y, más preocupante aún, con una tendencia que estaría moviéndose en la dirección equivocada.
La diferencia radica en la forma en que se construyen ambos indicadores. Mientras el IPC mide la evolución de una canasta fija de precios al consumidor, el PCE se basa en lo que efectivamente compran los hogares. Por esa razón, este índice tiene una mayor exposición al gasto en salud y menor peso del componente vivienda.
Históricamente, la inflación medida por el PCE suele ubicarse alrededor de 50 puntos básicos por debajo del IPC. En el escenario actual ocurre lo contrario: el PCE estaría aproximadamente 50 puntos básicos por encima, una anomalía que complica la lectura de la política monetaria.
Esto coloca a la Reserva Federal de Estados Unidos en una posición incómoda. El banco central ha reiterado en múltiples ocasiones que considera al PCE como su medida de inflación “preferida”. Aunque el actual presidente, Jerome Powell, tiene cierto margen político dado que su mandato finaliza en mayo, su posible sucesor, Kevin Warsh, podría enfrentar decisiones complejas a la hora de recortar las tasas de interés, especialmente si el mercado laboral continúa mostrando señales de debilidad.
A este escenario se suma otro factor de presión: el precio del petróleo. Desde el inicio de la guerra con Irán, el crudo subió aproximadamente 33%. Aunque parte de ese movimiento podría ser transitorio, Kerschner considera probable que el petróleo termine estabilizándose en niveles algo más altos que los de hace dos semanas.
Como referencia, señala que un aumento del 10% en el precio del petróleo suele traducirse en un incremento de entre 20 y 30 puntos básicos en la inflación general. Por eso, aunque los datos de hoy ofrecen cierto alivio para los mercados, no se descarta que en los próximos meses vuelvan a aparecer registros inflacionarios más incómodos, que la Reserva Federal podría tener —o no— margen para ignorar.
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