SAN NICOLÁS.- Entre hileras de maíz, soja, girasol y trigo, los plots de cultivos de Expoagro se convierten cada año en uno de los recorridos más transitados de la muestra. Allí, a pocos metros de los stands, los productores pueden ver directamente en el lote las variedades, híbridos y tecnologías que las empresas están presentando para las próximas campañas. En esta edición, la feria, en su 20 aniversario, tiene 12 plots donde las semilleras sembraron sus materiales para que puedan observarse a campo en el predio ferial y autódromo de esta ciudad bonaerense.
Al recorrer esos espacios aparece, además, un punto en común. Más allá de los nombres comerciales, muchas compañías coinciden en que el foco del mejoramiento hoy pasa por desarrollar materiales que no solo rindan más, sino que mantengan resultados en campañas más variables, incorporen nuevas biotecnologías para el manejo de malezas y se adapten mejor a cada ambiente y fecha de siembra. En otras palabras, más que apostar únicamente a saltos de rendimiento, los programas de genética empiezan a enfocarse en ofrecer mayor estabilidad y previsibilidad en el lote.
Pero, más allá de los lanzamientos, hubo un tema que sobrevoló buena parte de las conversaciones entre las empresas semilleras: el debate sobre la propiedad intelectual en semillas y la necesidad de actualizar el marco regulatorio. Se trata de una discusión que lleva años en la agenda del sector, pero que cobró más visibilidad luego de que el presidente Javier Milei mencionara el tema en su discurso de apertura de sesiones del Congreso hace dos semanas.
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Entre las empresas de genética, uno de los focos que aparece con más fuerza en los desarrollos es mejorar la estabilidad de los rendimientos. Más allá de los saltos productivos, las compañías buscan materiales capaces de sostener resultados aun cuando el clima no acompaña. “Hoy la estabilidad es algo que nos inquieta mucho. Poder mantener ese piso de rendimiento en años donde no se dan las condiciones óptimas es una condición fundamental al momento de elegir las variedades”, explicó Patricio Munilla, gerente de Autógamas de las marcas de GDM.
En esa línea, en GDM, a través de la marca Don Mario, la novedad en soja pasa por una renovación del portafolio con materiales que buscan combinar mayor potencial productivo con mayor estabilidad. La empresa sumó este año cinco nuevas variedades, que se agregan a las seis lanzadas en la campaña anterior y completan la oferta en distintos grupos de madurez y biotecnologías disponibles en el país.
Munilla destacó que el objetivo no es solo empujar el techo productivo, sino también “levantar el piso del rendimiento”. Ese enfoque también aparece en algunos materiales nuevos. Munilla indicó que la variedad 38E26 está superando “en casi un 6%” a un material Enlist lanzado en 2022, mientras que la 46E25 mejora en más de 1% a la 46E20, hoy una de las variedades más sembradas del país. Además incorpora tecnología Enlist, clave para el manejo de malezas en muchas zonas productivas. “Hoy el manejo de malezas sigue siendo uno de los principales desafíos para el agricultor”, señalaron desde la empresa.
Otro de los desarrollos que la compañía mostró en la feria es una nueva biotecnología en soja denominada Dualis, que se encuentra en proceso y que podría estar disponible hacia las campañas 2028/2029. Según explicó Gerónimo Costanzi, gerente de Desarrollo de Productos Autógamas de GDM, esta tecnología aportará tolerancia a glifosato y glufosinato de amonio. “Va a complementar a lo que hoy son las tecnologías Enlist y Conkesta, principalmente en lotes donde no hay grandes problemáticas de malezas o donde el foco está puesto en gramíneas”, explicó.
Ese tipo de búsqueda no aparece solo en una compañía. En distintos stands de la muestra se repite una misma idea: materiales que, además de empujar el rendimiento, permitan sostener resultados en campañas cada vez más variables.
En NK Semillas, marca de Syngenta, la propuesta exhibida en Expoagro combinó genética, biotecnología y herramientas digitales, con el objetivo de ofrecer materiales más ajustados a la variabilidad de los ambientes y al manejo fino del lote. En girasol, NK puso el foco en un nuevo híbrido que, según Francisco Pérez Brea, gerente de marketing, busca diferenciarse no solo por su rendimiento en ambientes de alto potencial, sino también por su capacidad de sostenerse en lotes de menor respuesta. “En altos potenciales rinde muy bien, pero en lotes malos también”, explicó. Agregó: “Si el año viene complicado igual va a estar por encima del promedio y si el año viene bueno también responde”.
En maíz, la empresa mostró un híbrido que incorpora una combinación tecnológica que hasta ahora no tenía en ese segmento: biotecnología Viptera para tolerancia a insectos junto con tecnología CL, que agrega otro modo de acción para el control de malezas. “Estamos lanzando un producto que tiene dos tipos de herbicidas para proteger al cultivo y que se pueda desarrollar en mejores condiciones”, explicó Pérez Brea.
En maíz, además, empieza a verse otro cambio en las prioridades del mejoramiento. La irrupción de la chicharrita en las últimas campañas puso el foco en materiales con mejor comportamiento frente al complejo de spiroplasma.
En ese contexto, Nidera Semillas presentó un nuevo híbrido pensado para la siembra tardía del centro y norte del país, con mejor desempeño frente a ese problema sanitario. Según explicó Leandro Ulrich, gerente de Desarrollo de Producto, la compañía ya contaba con un híbrido con buen comportamiento frente a spiroplasma, pero este nuevo material suma un perfil agronómico más completo.
Además, la empresa presentó otro híbrido de maíz con adaptación a fechas de siembra tempranas y tardías, un nuevo híbrido de girasol con foco sanitario frente a phomopsis, dos variedades de soja para distintos ambientes y anticipó el lanzamiento de una nueva variedad de trigo de ciclo corto, que todavía se encuentra en proceso de registro.
Junto con los avances en genética y biotecnología, algunas empresas también empezaron a explorar cambios en la arquitectura del cultivo y en la forma de manejar el maíz en el lote.
Entre las tecnologías que pudieron verse en la muestra estuvieron los maíces de baja estatura, una innovación que comienza a dar sus primeros pasos a nivel comercial en la Argentina. Se trata de materiales desarrollados para tener plantas más bajas que los híbridos tradicionales, lo que apunta a mejorar la estabilidad del cultivo y abrir nuevas posibilidades de manejo agronómico.
Según explicó Maximiliano Cueto, líder de maíz de Bayer para el Cono Sur, el sistema —denominado Preceon— combina híbridos de menor altura, recomendaciones agronómicas canalizadas a través de la plataforma digital FieldView y un esquema de acompañamiento técnico durante todo el ciclo del cultivo.
El maíz presenta una reducción de entre el 30% y el 40% en la altura de la planta y cerca de 50% en la altura de inserción de la espiga, producto de entrenudos más cortos por debajo de la espiga.
De acuerdo con Cueto, esta arquitectura ofrece tres beneficios principales: más rendimiento, mayor protección y mayor accesibilidad al cultivo. Permite explorar densidades de siembra más altas sin comprometer la estabilidad de las plantas, mejora la tolerancia al vuelco y facilita el ingreso de maquinaria durante el ciclo del cultivo para aplicaciones de fertilizantes o fungicidas.
La compañía comenzará a sembrarlo comercialmente en la campaña 2026/27, con un grupo reducido de productores en unas 3000 hectáreas, como paso previo a una expansión mayor en los años siguientes.
En Expoagro también volvió a instalarse con fuerza el debate por la propiedad intelectual en semillas. En Expoagro, Semillas: la Mesa de Enlace le presentó al Gobierno una propuesta para reformar la ley vigente y regular el uso propio.
En la industria coincidieron en que se trata de un debate que debe darse a nivel de todo el sector y no solo entre productores y semilleros. Si bien hay señales de apoyo a avanzar hacia el esquema internacional UPOV-91, también aparecen matices: algunas empresas prefieren no fijar una postura sobre la propuesta de la Mesa de Enlace hasta conocer el texto completo y analizar la “letra chica” de la iniciativa.
En paralelo, las compañías remarcaron el avance de mecanismos privados para reconocer la propiedad intelectual. Uno de ellos es Sembrá Evolución, un sistema que permite registrar el uso de semillas y asegurar el pago de regalías por tecnología. Según datos difundidos en Expoagro, el 42% de los productores de soja ya reconoce propiedad intelectual a través de este esquema u otros similares, el nivel más alto de los últimos seis años.
“Para nosotros adherir a UPOV 91 nos daría mayor previsibilidad y mayor garantía de que el recupero de la inversión pueda ser mejor”, señaló el gerente de Autógamas de las marcas de GDM. Desde GDM remarcaron que el debate no debería leerse solo como una discusión entre empresas y productores, sino como un tema que impacta en toda la agroindustria. “Esto no es una discusión sectorial. Es una discusión país, con una visión macro de mediano y largo plazo”, sostuvo Lucas Amadeo, gerente de Relaciones Institucionales de la compañía.
Según explicó, un mayor reconocimiento de la propiedad intelectual incentivaría la inversión en genética y biotecnología. “Más reconocimiento significa un mercado que reconoce la inversión. Y más inversión implica que van a venir nuevos competidores”, afirmó.
Desde el punto de vista productivo, Gerónimo Costanzi agregó que la Argentina todavía tiene margen para mejorar en rendimiento. “Cuando analizamos las brechas productivas en soja, estamos hablando de una brecha cercana al 32% entre los rendimientos promedio actuales y los máximos que podríamos alcanzar”, explicó. Dentro de esa diferencia, señaló, la genética explica alrededor del 16%.
En ese sentido, sostuvo que un marco regulatorio más claro podría facilitar la llegada de nuevas tecnologías —hoy el país cuenta con tres, frente a siete en Estados Unidos y cinco en Brasil— y contribuir a reducir esa brecha productiva.
Federico Garat, líder de relaciones con la industria de Bayer, remarcó que el punto central pasa por modernizar el marco normativo para generar condiciones que atraigan inversiones. “No es un tema sectorial ni una discusión solo entre productores y semilleros. Tiene que ver con que el país tenga un marco normativo claro, estable y reconocido internacionalmente para fomentar la inversión”, sostuvo.
Además, recordó que hoy Bayer no tiene negocios en cultivos autógamos como soja o trigo en la Argentina. Sin embargo, planteó que un cambio regulatorio podría modificar ese escenario. “Con un marco normativo como UPOV 91 probablemente se pueda analizar. Si nada cambia, seguro que no”, señaló.
