El hombre valiente no es que no siente miedo, sino el que conquista ese miedo. — Nelson Mandela
No hay peor escenario en la vida rutinaria, que aquel desde donde los sueños inacabados se hacen infinitos, y las bondades de las complicidades entre más de dos, llegan al final con los afectos, más allá del desgate brutal de la palabra corrupción, o las dudas que se puedan tener siempre.
Hay preguntas con respuestas en la obviedad de esas abruptas realidades, donde las complacencias son solo notas en las redes sociales, o en los periódicos impresos, con reflectores en la intensidad de los momentos, y la crítica destructiva por las envidias palaciegas están a la orden del consumidor.
Cada semana tenemos ante nosotros, historias que lejos de sorprendernos nos causan hasta risa, el cinismo de quienes suponen y acusan sin pruebas, y del otro lado la negación de los que cobran para hacer visible un festejo, en este caso de unos quince años, donde la festejada sale en fotografías con los ojos tapados, por ser menor de edad.
Empresario inmobiliario el padre, contratista de PEMEX en el pasado reciente, con una fortuna que quizá está para darse esos lujos y más, pero siempre hay un prieto en el arroz, se solía decir antaño entre los mayores en casa, porque ahora viene limpio, hasta sin quebraduras; no como las observaciones enlistadas, porque no pasará nada más.
Desafortunadamente es el México que vivimos, después de una pandemia terrible, que dejó cientos de familias con duelos eternos, la inflación galopante por la guerra en el Medio Oriente, y el alza en los precios de casi todos los productos, perecederos y no, nos mostramos hasta ingenuos al no ser convidados a un banquete tabasqueño, de origen veracruzano.
Pareciera que no se discute una profunda reforma electoral, los tres poderes de la Unión están en una sola línea, hay filtraciones de consecuencias para los aliados que no se sumen a este proyecto de continuismo político desde el poder.
Cuantas, y cuantas jovencitas no hubieran deseado en esa imaginación de la inocencia, una fiesta como la del fin de semana pasado, quince años inolvidables para los asistentes, artistas de todo tipo, desde la presentadora Galilea Montijo, hasta Belinda, sin dejar de mencionar al cantante colombiano J Balvin.
La danza de los millones en contratos seguramente, ganados con las relaciones que siempre se dan en los ámbitos petroleros o inmobiliarios, se calcula entre tres y cuatro millones de dólares, que los tiene el padre de la feliz joven.
Conocemos los multicolores evidentes de las envidias, y no todo es oposición, entre blanco y negro, hablamos porque tenemos la oportunidad de hacerlo, describimos lo sobresaliente, ni investigación ni dudas, la fiesta fue más que un aniversario, el papá se dio un lujo que solo el sabe porque lo hizo, y eso es suficiente.
No hay peor pecado que estar en la mirada inquisidora del otro, el vecino que asecha, el contrario sin argumentos que discute, pero también los mexicanos, que, sin ninguna prueba, infieren corrupción, excesos, porque no les alcanza para su felicidad.
Después de unos días, era necesario abordar este acontecimiento, no solo porque se hizo viral, sino porque pone a prueba nuestros sentidos y expresiones, en lo ridículo de un evento privado, que por supuesto hicieron público los inconformes ¿o será que hay de qué extrañarse?
Y la gobernadora por unos minutos a cuadro, soltó varias de su ronco pecho, desde Calkiní para el mundo una señora de la tercera edad, desde el martes del jaguar, desgastado y cada vez menos visto; le reclamó la falta de medicamentos, los robos, los asesinatos, sin respuesta de Layda Sansores y lo que le falta.


