En una época en donde se busca la equidad entre hombres y mujeres han surgido la discusión sobre ¿cuál es la mejor manera para que las parejas compartan las finanzas sin morir en el intento? De un lado, encontramos a quienes consideran que debe ser proporcional y, por el otro, algunos otros hablan de que debería ser a la mitad.
Lo cierto es que las finanzas deben ser flexibles para adaptarse a cada una de las situaciones particulares de pareja, no existen recetas mágicas, pero sí principios básicos que se pueden aplicar.
Estrategias prácticas para dividir gastos
No existe una fórmula única para dividir los gastos en pareja, pero la base siempre debe ser la comunicación constante y la confianza plena.
Aquí algunas de las mejores estrategias propuestas por Condusef, Visa y Afore Coppel:
1. Modelos de división de gastos
• División 50/50: Ambos aportan exactamente la mitad para cubrir los gastos comunes, como renta, servicios y supermercado. Esta estrategia funciona mejor cuando los ingresos de ambos son similares y mantienen un estilo de vida parecido.
• Aportación proporcional a los ingresos: Cada persona contribuye con un porcentaje de su salario al presupuesto compartido. Es considerada la opción más equitativa cuando existe una diferencia notable de ingresos, ya que evita que la persona que gana menos se sienta en desventaja o presionada financieramente.
• Asignación de responsabilidades específicas: En lugar de dividir cada cuenta, cada integrante asume el pago total de ciertos rubros (por ejemplo, uno paga la renta y el otro se encarga de la despensa y los servicios). Aunque simplifica los trámites, requiere revisar los montos cada seis meses para asegurar que sigan siendo equilibrados.
2. Gestión de cuentas y autonomía
• Cuenta conjunta para gastos comunes: Crear un "fondo común" para pagar servicios y salidas facilita el control, siempre que existan reglas claras sobre qué gastos están aprobados.
• Presupuesto híbrido: Las fuentes recomiendan mantener la autonomía financiera teniendo cuentas individuales para gastos personales y una cuenta compartida exclusivamente para los compromisos del hogar. Esto permite que cada uno decida cómo gastar su dinero sobrante sin generar fricciones.
• Uso de tarjetas de crédito: Si se opta por una cuenta conjunta, mantener tarjetas de crédito separadas puede ayudar a distinguir claramente entre los gastos personales y los comunes.
3. Planificación y metas compartidas
• Establecer metas SMART: Para que la división de gastos tenga un propósito, las parejas deben definir objetivos que sean específicos, medibles, alcanzables, relevantes y con un límite de tiempo (SMART, por sus siglas en inglés). Esto puede incluir desde el ahorro para un viaje hasta la compra de una casa.
• Citas financieras periódicas: Se recomienda agendar una reunión mensual de unos 15 minutos para revisar el presupuesto, ajustar porcentajes y negociar gastos que puedan reducirse.
• Sinceridad sobre deudas e ingresos: Antes de repartir responsabilidades, es crucial que ambos sean honestos sobre cuánto ganan y qué deudas individuales tienen, ya que esto impacta directamente en su capacidad de aportar al fondo común.
4. Consejos para mantener la equidad
• Criterio y sensibilidad: En etapas tempranas como el noviazgo, si uno de los dos se siente cómodo pagando la cuenta, lo ideal es que la otra persona retribuya la gentileza en otra oportunidad para mantener el balance.
• Vivir de acuerdo al nivel de ingresos: La pareja debe comprometerse a no gastar más de lo que su presupuesto permite; los gastos deben ajustarse a la renta mensual y no al revés.
• Evitar la infidelidad financiera: Ocultar deudas, mentir sobre ingresos o usar ahorros comunes sin consultar puede destruir la confianza y la estabilidad de la relación.
Es importante considerar que, según la etapa de la vida (por ejemplo, entre los 30 y 45 años), las responsabilidades suelen aumentar debido a gastos de salud o educación de los hijos, por lo que la estrategia de división debe ser flexible y ajustarse a cada nueva fase.
La planificación financiera es un proceso flexible que debe ajustarse a cada etapa de vida, desde el noviazgo hasta el retiro, siempre buscando un modelo que garantice bienestar, control y seguridad para ambos.
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