El momento en el que el ministro Luis Caputo revisa la marca de su saco.El momento en el que el ministro Luis Caputo revisa la marca de su saco.

La ropa ya es 30% más barata en la gestión Milei, pero los textiles son el sector fabril que más empleo perdió

2026/02/09 06:02
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La caída del precio de la ropa se convirtió en uno de los datos más utilizados por el Gobierno de Javier Milei para defender la apertura comercial y la desregulación de importaciones. Pero detrás de esa mejora concreta para los consumidores se despliega una contracara igual de contundente: el sector textil, confecciones, cuero y calzado es hoy el que más empleo formal perdió dentro de la industria y uno de los más golpeados de toda la economía.

La discusión expone un debate sensible en la Argentina. De un lado, 45 millones de consumidores que durante décadas pagaron bienes más caros que en el resto del mundo, con la indumentaria como uno de los ejemplos más claros. Del otro, una cadena productiva intensiva en empleo, con fuerte presencia territorial, que enfrenta una combinación de demanda interna débil y una competencia importadora que avanzó con fuerza tras la apertura económica impulsada por el Gobierno.

Desde la asunción de Milei en diciembre de 2023, la dinámica de precios cambió de forma abrupta. La inflación acumulada en 2023, bajo la gestión de Alberto Fernández, cerró en 211,4%. En contraste, 2025 finalizó con una suba de precios del 31,5%, el registro anual más bajo en ocho años. En ese proceso de desaceleración, la indumentaria y el calzado jugaron un rol clave.

La caída del precio de la ropa se convirtió en uno de los datos más utilizados por el Gobierno de Javier Milei para defender la apertura comercial y la desregulación de importaciones.

De acuerdo con un informe de la consultora Analytica, desde noviembre de 2023 los precios de la ropa y el calzado acumularon una suba del 149,4%, muy por debajo de la inflación general, que alcanzó el 259,4%. En términos relativos, el rubro se abarató un 30,6% frente al promedio de la economía y se ubicó en su nivel más bajo desde 2016.

A pesar de representar apenas el 9,9% de la ponderación del IPC, la indumentaria y el calzado fueron uno de los rubros que más contribuyeron a la desaceleración inflacionaria. En contraste, los servicios —como hoteles y restaurantes o los servicios públicos—, menos expuestos a la competencia importadora, siguieron explicando buena parte de la rigidez a la baja del nivel general de precios.

El impacto también se observa al medir el poder de compra. Según el mismo informe, el precio en dólares oficiales de un jean promedio de primera marca se redujo 39% desde noviembre de 2023. Con el salario promedio del sector privado registrado hoy se pueden comprar 13 jeans, frente a 9 jeans a fines de 2023, una mejora significativa del poder adquisitivo relativo en este rubro.

Ese abaratamiento fue celebrado por el Gobierno. El ministro de Economía, Luis Caputo, fue explícito al defender la apertura: reiteró que no compra ropa en el país, sostuvo que durante décadas millones de argentinos pagaron textiles y calzado “dos, tres, cuatro o hasta diez veces más de lo que valen en el mundo” y que la baja de precios libera recursos para otros consumos y sectores de la economía.

La contracara de esta noticia positiva para los consumidores aparece en el mercado laboral. Según un relevamiento de Econviews elaborado a partir de datos del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), entre noviembre de 2023 y octubre de 2025 se perdieron 18.333 puestos de trabajo registrados en el sector de textiles, confecciones, cuero y calzado. La caída fue del 15,1%, la más profunda dentro de la industria y una de las mayores de toda la economía.

En paralelo, se redujo el entramado productivo. La Fundación Pro Tejer precisó que en ese mismo período cerraron 558 establecimientos de la cadena de valor, una contracción del 9%, con especial impacto en indumentaria y en cuero y calzado, ramas caracterizadas por una mayor cantidad de unidades productivas. Se trata, además, de un sector con elevados niveles de informalidad —en torno al 72% en confecciones—, por lo que la pérdida de empleo total sería aún mayor.

En ese punto del debate, el presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), Martín Rappallini, introdujo esta semana una clave que desarma la discusión binaria entre “industria cara” e “importaciones baratas”. En declaraciones radiales, afirmó: “Cuando vos ves en mercados totalmente informales, como puede ser La Salada o la calle Avellaneda, los precios de productos que se fabrican en la Argentina son casi los mismos que en China. No está bien que eso funcione así, pero es el absurdo que muestra que el problema es básicamente la acumulación de distorsiones que tenemos en una cadena que es muy sofisticada, con muchísimas etapas”.

Rappallini agregó que el desafío de fondo no es negar la competencia, sino crear condiciones para sostenerla: “El gran desafío que tiene la industria es darle a la ciudadanía precios internacionales y calidad, y que las empresas argentinas sean parte de esta nueva etapa”.

Los datos productivos refuerzan la advertencia. De acuerdo con el Índice de Producción Industrial (IPI) que elabora el Indec, el sector textil fue el más afectado en 2025, con una caída acumulada del 5,7%, la peor de todo el índice. Aunque prendas de vestir y calzado mostraron en noviembre la segunda suba mensual del año (+4,7% desestacionalizado), los niveles siguen muy deprimidos.

Martín Rappallini, presidente de la UIA

Según Analytica, la producción se ubicó 18,5% por debajo de diciembre de 2024 en confecciones y calzado y 31,2% por debajo en productos textiles. Frente a noviembre de 2023, el retroceso es aún más severo: -47,6% en productos textiles y -19,3% en confecciones y calzado. La utilización de la capacidad instalada sintetiza el deterioro: los productos textiles operaron en noviembre con apenas 29%, el registro más bajo de toda la serie histórica, con la única excepción de los meses más críticos de la pandemia.

El avance de las importaciones aparece como un factor central. En 2025, las compras externas crecieron 97,3% interanual en indumentaria, 121,2% en otros textiles y 25,2% en calzado. Las importaciones de ropa alcanzaron los US$681 millones, el nivel más alto de toda la serie histórica en moneda constante, mientras que las de calzado y sus partes sumaron US$825 millones, apenas por debajo del récord de 2017. A esto se sumó el crecimiento explosivo del canal courier, con un aumento interanual del 274,2%, impulsado por plataformas como Shein y Temu.

Un estudio reciente de la consultora Equilibra aporta una mirada estructural al fenómeno: los sectores que más cayeron en producción son, en su mayoría, los que compiten directamente con importaciones. De los 26 sectores transables de la economía, solo seis crecieron durante la gestión Milei. En 16 de los 20 que se contrajeron, la producción local perdió participación en el mercado interno frente a bienes importados, con la ropa y los textiles entre los casos más claros.

La corrección no fue neutra en términos laborales. Los puestos que se perdieron en el empleo registrado del sector no desaparecieron por completo: en buena medida se desplazaron hacia el cuentapropismo y la informalidad, un fenómeno especialmente extendido en confecciones. El resultado es un mercado con precios más bajos, pero también con menos empleo formal, menor escala productiva y un entramado cada vez más atomizado.

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