Hay que tener claridad en que el tipo de cambio “fuerte” no necesariamente refleja abundancia de dólares en la economía real.Hay que tener claridad en que el tipo de cambio “fuerte” no necesariamente refleja abundancia de dólares en la economía real.

¿Encontrará piso la caída del dólar?

El peso cerró sus operaciones el viernes pasado con una cotización de 17.36 por dólar y su apreciación parece no tener límite.

Hace apenas un año, en enero de 2025, terminábamos el mes en 20.67 pesos por cada divisa estadounidense. La apreciación en este lapso es cercana al 16 por ciento.

¿Por qué esta fortaleza del peso?

La explicación empieza fuera de casa. En ese mismo periodo, el “índice dólar” de Bloomberg, que mide la cotización de la moneda norteamericana contra una canasta de las principales divisas, cayó en 10 por ciento.

Este mes de enero, además, volvió a asomarse lo que se llama el “sell America” ante la combinación de ruido geopolítico y, sobre todo, la ofensiva política contra la independencia de la Reserva Federal.

Cuando el mercado percibe que la Fed puede perder margen para decidir tasas con criterios técnicos, sube la prima de riesgo de los activos en dólares, y el ajuste suele llegar por el tipo de cambio.

El otro viento global sopla desde las finanzas públicas de EU. Con déficits altos y una trayectoria de deuda que se discute cada vez más en la conversación política, cualquier señal de relajamiento fiscal sostenido presiona al dólar por dos vías: (1) expectativas de tasas reales más bajas para “hacer digerible” la deuda, sobre todo si Trump toma el control de la Reserva Federal; y (2) mayor necesidad de financiamiento del gobierno.

La otra parte de la apreciación del peso tiene que ver con la atracción de inversión financiera a México: tasas aún elevadas en términos reales, un banco central que ha recortado con cautela, y un mercado que —por ahora— no ve un desorden macroeconómico inminente.

Banamex, por ejemplo, ha atribuido el regreso del “superpeso” al mayor apetito por riesgo y al ancla de tasas altas. Eso alimenta el llamado ‘carry trade’ y, de paso, abarata importaciones.

Hay que tener claridad en que el tipo de cambio “fuerte” no necesariamente refleja abundancia de dólares en la economía real.

Las remesas se han enfriado. En los primeros 11 meses de 2025 sumaron 56 mil 469 millones de dólares, por debajo del mismo periodo de 2024, y en noviembre cayeron 5.7% anual, con menos envíos. Para una familia que recibe 400 dólares mensuales, pasar de 20.7 a 17.5 significa cerca de mil 300 pesos menos cada mes, sin que “haya cambiado” el envío.

Y hacia delante, ¿qué es lo que se ve? Si continúa la presión política sobre la Fed y se mantiene la inclinación a elevar el endeudamiento público en EU, el escenario base es un dólar más débil.

Eso no implica una ruta sin baches: la volatilidad puede repuntar por la renegociación comercial, por episodios geopolíticos o por cambios en el apetito global por riesgo.

Aun con el “superpeso”, los bancos no están apostando a una apreciación interminable. La más reciente encuesta entre expertos levantada por Citi México señala una cotización de 18.75 para el cierre de este año.

No debe descartarse, sin embargo, la aparición de volatilidad por razones internas. Una pérdida de confianza en la sostenibilidad de las finanzas públicas, un tropiezo bancario o un choque de crecimiento que dispare primas de riesgo podrían cambiar el ánimo del mercado. El peso es fuerte… mientras el mercado crea que México seguirá con estabilidad.

Los ganadores y perdedores del “superpeso” están muy claros. Ganan los importadores netos y quienes compran bienes con alto contenido importado: maquinaria, equipo, electrónicos e insumos; ganan viajeros y empresas con deuda en dólares que cobran en pesos. Y hay otro beneficiario: con un peso apreciado, la inflación de bienes comerciables tiende a moderarse, abriendo a Banxico un margen —limitado— para todavía bajar más las tasas sin desanclar expectativas.

Los perdedores claros son los exportadores netos (cada dólar rinde menos en pesos), sobre todo con márgenes estrechos. Pierden quienes compiten contra importaciones: el “peso caro” funciona como subsidio involuntario al producto externo. Y pierden los receptores de remesas, justo cuando el ciclo económico se enfría.

Y pierde también el crecimiento. Históricamente se ha visto que una moneda demasiado fuerte tiende a producir tasas de crecimiento del PIB más bajas.

¿Hay posibilidades de encarecer el dólar a voluntad para evitar efectos indeseados? De eso hablaremos en una próxima ocasión.

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