El ascenso al volcán LanínEl ascenso al volcán Lanín

“Cuando el Lanín quiere que subas, subís”: dos avezados guías detallan cómo es el ascenso que no pudo concluir Petersen

2026/01/02 04:33

El volcán Lanín no es la montaña más alta de Argentina, ni la que presenta la mayor dificultad para llegar a la cima, pero seguramente es el primer nombre que surge como objetivo cuando alguien que se aventura al montañismo. “El Lanín tienen un magnetismo especial y creo que esto se origina por su silueta, que es un cono casi perfecto. Parece dibujada por un nene, con los contornos limpios y el pico nevado”, dice a LA NACION Julián Insarralde (44 años), uno de los guías de montaña más experimentados de nuestro país, que ya perdió la cuenta de la innumerable cantidad de veces que ascendió a la icónica montaña en casi 25 años de trayectoria y otros tantos como aficionado.

“Además tiene otra particularidad que se transforma en una ventaja: a diferencia de otros picos, no está en una zona de altura, por lo que no se necesita un proceso de aclimatación y esto permite realizar el ascenso en dos días. Se puede planificar una expedición en un fin de semana largo y eso en otras montañas es impensado”, explica Insarralde, que además de acompañar a andinistas al Lanín realiza excursiones al Aconcagua, al Kilimanjaro en África, a la base del Everest y a otros picos importantes de América. También dicta cursos de escalada en hielo.

Ascenso al volcán Lanín

Después de la pandemia el turismo vivió un proceso de crecimiento y experiencias como la de llegar a la cima del volcán Lanín, en la provincia de Neuquén, fueron de las que se transformaron en una vivencia aspiracional que multiplicó la cantidad de visitantes. Recientemente, el pico volvió a cobrar notoriedad por haber sido escenario de la descompensación el chef Christian Petersen en pleno ascenso.

En la enorme mayoría de las montañas, a la dificultad propia de la escalada y el casi seguro rigor del clima, se le suma la gestión de la altura, algo que en el Lanín, con sus 3776 metros sobre el nivel del mar, no es un problema. “El desafío que presenta es subir con una inclinación importante y de manera constante durante muchas horas, pero como contrapartida no tiene el desafío de la altura. En todos los años que llevo subiéndolo y en las ciento de expediciones nunca se me presentó un solo caso de edema pulmonar o de mal de altura, cosa muy frecuente en la alta montaña”, destaca Insarralde.

Escalar el Lanín, como otras experiencias, se transformó en una vivencia aspiracional que multiplicó la cantidad de visitantes

Al Lanín se puede acceder durante todo el año, aunque la temporada alta es entre octubre y diciembre porque se trata de la época en que el frío no es tan intenso y la montaña todavía conserva nieve que luego, con el avance del verano, se derrite y deja la roca al descubierto. “En esa época el ascenso es un poco más amable, porque al tener nieve se puede elegir el camino y transitar dibujando un zigzag a tu propio criterio, sin necesidad de ir por la huella que llamamos canaleta. Durante enero, febrero y marzo, el clima es menos riguroso, porque en general no hace tanto frío, pero el terreno es mucho más escarpado y agreste, lo que le agrega un poco de dificultad”, sostiene David Werner, de 41 años, otro de los guías con más de 15 años acompañando a montañistas al volcán.

El único momento del año en el que se presenta un riesgo adicional es a finales de diciembre, cuando como consecuencia del calor se derrite la nieve y junto con esto se produce el desprendimiento y la caída de piedras, por lo que es necesario tomar un camino paralelo a lo que llaman la canaleta para evitar los impactos y transitar con mayor cautela.

El guía Insarralde, con una turistas, en la cima del volcán, desde donde se observan otros picos

El ascenso tradicional se lleva adelante en dos días y parte de la Seccional Río Turbio, cerca del Lago Tromen, a unos 70 kilómetros de Junín de los Andes, donde los visitantes se registran dejando constancia de su ingreso, que es controlado por los guardaparques que además hacen un estricto chequeo del material, estableciendo un cupo de 100 personas diarias contando guías y turistas. “La disposición que controla la cantidad de gente, y que las expediciones sean de dos días y no de tres. es una definición de las autoridades de Parques Nacionales. Lo que buscan es fijar un límite a la cantidad de personas en la montaña y, además, agregarle una cuota de dificultad para regular el número de turistas. En el pasado podías hacer la expedición en más días, lo que la hacía más amigable y no tan extrema”, cuenta Insarralde, y explica que también existe la posibilidad de ascender en modalidad “non stop” en unas 15 horas entre ida y vuelta, aunque aclara que se trata de una alternativa para montañistas con experiencia y una condición atlética especial.

El primer día implica entre cuatro y seis horas de caminata, dependiendo de la condición física del grupo, de una subida hostil que presagia lo que deparará la segunda jornada, que es la verdaderamente intensa. Esa noche se hace base y se realizan los preparativos para el ascenso definitivo y para esto hay tres alternativas: o un refugio de montaña llamado CAJA, por las siglas del Club Andino Junín de los Andes, en carpa o en domos que ofrecen mayor confort. “El primer día es el que te permite medir al grupo y a cada uno de los integrantes. Entender sin están aptos para la segunda jornada. En general es una decisión en conjunto con la otra persona porque casi siempre se dan cuentan solos cuando no están en condiciones, pero algunas veces es necesario definir a pesar de que el otro no esté de acuerdo. La gente viene con la idea de subir al Lanín, pero para nosotros la prioridad es que vayan y vuelvan sanos a la base”, afirma Werner.

El ascenso se puede realizar en dos días, con una noche en la montaña

El día de la verdad

El segundo día es el de la verdad. En general son unas 15 horas de una subida constante y exigente, y la manera de encararla depende de la época del año y del clima, que según los especialistas es el factor más determinante. “Hoy el pronóstico climatológico es bastante preciso por lo que permite saber con qué te vas a encontrar, aunque a veces la montaña te da alguna sorpresa. En lo que va de esta temporada hice siete excursiones y en seis llegamos a la cumbre sin ningún inconveniente”, dice Insarralde, aunque aclara que las características del grupo son las que le marcan la pauta de si se puede arriesgar un poco más y encarar el ascenso final, aunque el clima no sea el ideal. “Me tocaron grupos de gente bien preparada y pudimos llegar a la cumbre con vientos de 70 km/hora. Eso se mide en el momento; es clave saber ‘leer a las personas’ y en base a eso uno toma la decisión”, explica el guía.

Werner coincide con la mirada de Insarralde y cree que el buen guía es aquel que se apega a los protocolos, pero al mismo tiempo tiene la capacidad de medir la aptitud de los montañistas. Para esto realizan un sondeo previo que les permite entender la preparación y la historia deportiva de las personas que encaran el desafío, pero la primera jornada es la que finalmente establece como seguir: “Me tocó una persona que estaba convencida de avanzar más allá de su falta de preparación argumentando que tenía ‘buena cabeza’ y mucha determinación. Me tocó explicarle que la actitud es muy importante, pero que nunca va a suplir la condición necesaria para caminar en subida 1600 metros el primer día y casi 2800 el segundo. Cuando las piernas dicen que no va más, no hay cabeza que valga”.

La subida al Lanín, al detalle

Si bien las precauciones de los guías y el cuidado durante el trayecto son importantes dado que cada cuatro turistas hay una persona experimentada acompañando, los inconvenientes no desaparecen porque se trata de una actividad demandante en el medio de la montaña. “En caso de un accidente se recurre a los guardaparques, porque todos estamos comunicados permanentemente con equipos de VHF, y ellos son los que llevan adelante un rescate o, si es necesaria, una evacuación en helicóptero, si bien todos los guías que estamos en la montaña nos ponemos a disposición del operativo”, detalla Werner.

Los guías consultados coinciden en señalar que una de las condiciones más importantes para subir es contar con equipamiento apropiado. Entre los elementos obligatorios, la indumentaria adecuada es fundamental, el abrigo en capas y contar con una campera apta para la montaña, el calzado correcto. Y, además de casco, una piqueta para utilizar en zonas de nieve y crampones; estos últimos son dispositivos metálicos con púas que se acoplan a las botas de montaña para proporcionar agarre y tracción en terrenos resbaladizos como nieve dura o hielo, situación que se presenta en invierno y en temporada alta, y durante todo el año en la proximidad a la cumbre.

El primer día es menos intenso; el segundo, más exigente

Para los afortunados que consiguen llegar a la cima, el premio es una postal irrepetible que se combina con la satisfacción del logro: los volcanes chilenos Llaima y Villarrica parecen al alcance de la mano, mientras los lagos Huechulafquen y Paimún brillan en la base.

El Lanín es casi siempre la primera gran montaña importante de los andinistas que se estrenan y una experiencia que queda grabada en la memoria, pero es determinante encararla de la manera correcta sin subestimar el esfuerzo y con la preparación y los medios adecuados. “No es el Tres Picos en Sierra de la Ventana, ni el Champaquí en Córdoba y ni siquiera alguno de los picos intermedios de Mendoza. El Lanín es una vivencia irrepetible, pero al mismo tiempo demanda un esfuerzo muy importante y es fundamental no subestimarlo”, sentencia Werner, que sostiene que prefiere que quien lo contrata se vuelva enojado sin llegar a la cumbre si las condiciones no lo permiten, pero siempre sano y salvo.

Insarralde cierra: “La montaña es la que decide más allá de tu condición física y de cualquier planificación. Cuando el Lanín quiere que subas, subís. Así es la montaña”.

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