La guerra contra Irán ha dejado a Estados Unidos con un problema inesperado: varios de sus radares más sofisticados, piezas únicas capaces de detectar misiles balísticos a miles de kilómetros, quedaron dañados o destruidos. El resultado es una reducción drástica de la capacidad de vigilancia en Oriente Próximo.
La respuesta de Washington ha sido mover piezas desde otro tablero igual de sensible: la península coreana. Según Global Times, el traslado de sistemas antimisiles hacia Medio Oriente no solo revela la fragilidad del escudo estadounidense, sino que también altera el equilibrio estratégico en Asia, donde Corea del Norte aprovecha la coyuntura para acelerar su programa nuclear.
De Irán a Corea: cómo un radar destruido puede alterar el equilibrio nuclear
Hace poco hablamos de esto aquí en Xataka México. De los ocho radares más avanzados que posee Estados Unidos, cuatro quedaron fuera de servicio tras los ataques iraníes. Estas infraestructuras no son fáciles de reemplazar: cuestan miles de millones y existen muy pocas en el mundo.
Imágenes satelitales revelaron que Irán destrozó cuatro de los ocho sistemas únicos de defensa de EE.UU: si llegan a cero, tendremos una nueva guerra
La consecuencia inmediata es que Washington se ve obligado a reforzar sus defensas en el Golfo y el Levante, incluso a costa de debilitar otras regiones críticas. El traslado de sistemas desde Corea del Sur hacia Oriente Próximo es una muestra clara de cómo un conflicto regional puede tener repercusiones globales.
Para los analistas, este movimiento expone la vulnerabilidad de la arquitectura defensiva estadounidense: un golpe más podría dejarla prácticamente ciega frente a nuevas oleadas de drones o misiles.
El plan B: mover piezas desde Corea
El sistema THAAD desplegado en Corea del Sur fue diseñado para interceptar misiles norcoreanos antes de que alcanzaran Seúl. Ahora, como reporta The Guardian, partes de ese escudo están siendo desmontadas y enviadas a Medio Oriente.
El misil de crucero Hyunmoo-3 se exhibe durante el desfile del 65º aniversario militar de Corea del Sur
El traslado no se limita al THAAD: también se estudia mover baterías Patriot y otros activos defensivos hacia Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos. Para Corea del Sur, la escena es inquietante: defensas pensadas para detener ataques del Norte se están enviando a miles de kilómetros lejos de distancia.
De acuerdo con el Institute for the Study of War, este vacío defensivo refuerza la narrativa de Pyongyang: la única garantía de supervivencia frente a Washington es el arma nuclear.
Corea del Norte acelera su programa nuclear
Mientras Estados Unidos concentra su atención en Irán, Corea del Norte aprovecha para mostrar nuevos avances militares. Entre ellos, el destructor Choe Hyon, un buque de 5,000 toneladas con capacidad para lanzar más de 100 misiles, incluidos estratégicos.
Destructor multipropósito de la clase Choe Hyon de Corea del Norte, Naval News
Según detallan en CNN, el régimen planea construir al menos diez barcos de esta clase y ampliar la integración de armamento nuclear en sus fuerzas navales. La conclusión de Kim Jong Un es que renunciar a la bomba nuclear significa abrir la puerta a un cambio de régimen (algo que claramente no es deseable para el).
Con la guerra en Oriente Próximo, sumada a la retirada de defensas en Corea del Sur, esa convicción por acelerar la modernización militar del Norte podría resultar bastante lógica, pero no deja de ser alarmante el hecho de que cualquier nación desarrolle su programa nuclear.
Un mundo con frentes entrelazados
Eso sí, la crisis demuestra que los conflictos ya no son aislados. Un radar destruido en Jordania puede terminar alterando el equilibrio nuclear en la península coreana.
Por su parte, China observa cada movimiento con su constelación de satélites, Rusia mantiene su alianza con Pyongyang y Estados Unidos intenta sostener varios frentes al mismo tiempo. La gran incógnita es cuánto tiempo podrá hacerlo sin comprometer su red global de defensa.
En definitiva, la guerra contra Irán ha desencadenado un 'efecto dominó' que reconfigura la seguridad mundial. Y aunque nadie quiere dar el “movimiento más grande” todavía, el riesgo de que alguien lo haga sigue creciendo. Un ejemplo de esto es lo que se conoce como el Doomsday Clock, un símbolo creado en 1947 por el Bulletin of the Atomic Scientists que representa qué tan cerca está la humanidad de la autoaniquilación por catástrofes globales. Mismo que hace poco marcó 85 segundos para la medianoche, el momento más cercano al apocalipsis que jamás haya marcado este reloj simbólico que muchos consideran ya obsoleto.


