Irán atacó ayer 11 de marzo, varios navíos en el estrecho de Ormuz, clave para el transporte de petróleo, y aseguró que está preparado para una guerra larga que “destruirá” la economía mundial.
Poco después, el presidente estadounidense, Donald Trump, insistió en que el conflicto terminará “pronto” y que “prácticamente no queda nada por atacar en Irán”, cuya población lleva 12 días bajo las bombas.
En Teherán, la capital iraní, los habitantes “se están acostumbrando a vivir a pesar de todo y a adaptarse, lo mejor que pueden, a esta situación”, dijo un vecino a la AFP.
La guerra inició el 28 de febrero con el ataque de Estados Unidos (EU) e Israel que mató al líder supremo iraní ha sumido a Medio Oriente y al mercado petrolero en el caos.
El cierre de facto del estrecho de Ormuz y los ataques iraníes a las monarquías petroleras del Golfo dispararon el precio del crudo, que rozó los 120 dólares esta semana, antes de bajar.
En un intento por ahora poco exitoso para paliar los aumentos de precios, la Agencia Internacional de la Energía anunció que sus países miembros liberarían 400 millones de barriles de petróleo de sus reservas estratégicas, un récord.
Irán también amenazó los “centros económicos y bancos” que consideran vinculados a los intereses estadounidenses e israelíes, lo que ha llevado al banco Citi o la consultoría Deloitte a evacuar sus oficinas en Dubái.


