Axel Kicillof y Máximo KirchnerAxel Kicillof y Máximo Kirchner

Sale Máximo Kirchner y entra Kicillof, pero la interna del PJ bonaerense sigue latente debajo de la “lista de unidad”

2026/02/09 05:20
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La interna del peronismo en la provincia de Buenos Aires acaba de entrar en un impasse. Máximo Kirchner vendió cara su derrota y Axel Kicillof terminó aceptando una propuesta del jefe camporista para asumir la conducción del partido, pero debajo de la repentina sintonía sigue latente la desconfianza y, sobre todo, la pelea que empieza a avizorarse por las candidaturas de la principal fuerza de oposición a Javier Milei de cara a 2027.

Para comprender el estado de situación del PJ bonaerense, que históricamente fue la locomotora del peronismo a nivel nacional, hay que reparar en un dato concreto: Kicillof solo pudo tomar el control del partido al séptimo año de su mandato como gobernador. ¿Por qué no lo hizo antes? Puede haber múltiples respuestas, pero la primera es que respetó el acuerdo original que tenía con el kirchnerismo, que era gestionar sin armar estructura política.

Pero ese acuerdo se rompió. Los que conocen a Kicillof, afirman que en su fuero íntimo el quiebre sucedió cuando Cristina y Máximo Kirchner lo hicieron sufrir más de la cuenta para firmar su candidatura a la reelección, en 2023. Entre ese momento y el actual, aconteció otro hito reconocible: el gobernador contrarió a sus antiguos jefes políticos y adelantó las elecciones de la Provincia. Por eso festejó una doble victoria el 7 de septiembre de 2025.

Kicillof pudo mostrar, entonces, un armado que había cocinado a fuego lento, con auxilio de decenas de intendentes que habían huido del kirchnerismo espantados por el estilo de conducción que patentó La Cámpora. No es que el gobernador les despertaba un furor político incontenible, sino más bien que los Kirchner –madre e hijo- ya no eran considerados como parte del futuro, ni tampoco temidos como durante el segundo mandato de Cristina.

En esa inercia política, Kicillof acumuló la masa crítica suficiente como para que la caída de Máximo sucediera como una consecuencia lógica. La ecuación era simple: el gobernador contaba con el apoyo de más intendentes que los que podía reunir el diputado. Pero la derrota electoral del 26 de octubre fue un golpe duro para todos, porque los candidatos de Milei los doblegaron en el propio territorio bonaerense, sin distinción de espacios internos.

En solo un mes y medio, la candidatura presidencial que Kicillof ya había empezado a carretear quedó en pista, ante la avanzada de una tormenta libertaria que fortaleció el proyecto reeleccionista de Milei. En ese marco fue que Máximo Kirchner hizo una maniobra inteligente: su propuesta de traspasar la conducción partidaria solo al gobernador –y no a uno de los suyos- desarticuló el discurso axelista y le provocó no pocas contradicciones.

Una de ellas fue que los partidarios del gobernador venían afirmando que, de realizarse la interna partidaria, los dejaría mal parados ante una sociedad que –en el diagnóstico que hace el peronismo- tiene otras prioridades porque está sufriendo las consecuencias del modelo económico de Milei. Por ende, haber insistido en la candidatura de Verónica Magario cuando el principal oponente le estaba arrimando la silla a Kicillof, no seguía esa lógica discursiva.

Los intendentes que rodean al gobernador, algunos de ellos con vasta experiencia como Jorge Ferraresi, Julio Alak o Mario Secco, tallaron en la decisión final: la mayoría de ellos son jefes políticos en sus distritos y están acostumbrados a una forma de conducción vertical. A tal punto, que le piden a Kicillof que se transforme en un jefe peronista a la usanza tradicional y deje de lado sus “pruritos universitarios”. Eso choca con la mesa chica del gobernador.

Un párrafo del comunicado con el que se presentó el acuerdo resulta ilustrativo del más puro pensamiento axelista: “Con hechos y resultados, el gobierno encabezado por Axel Kicillof y Verónica Magario, junto a los intendentes peronista de toda la provincia, viene demostrando desde 2019 que se puede gobernar con transparencia, responsabilidad y eficacia, defendiendo a las mayorías”, asegura el texto, en el que trabajaron ambos sectores en pugna. Aunque difícilmente la palabra “transparencia” haya surgido del kirchnerismo.

La marca del autor por el lado de los seguidores de Cristina Kirchner se notó en el párrafo posterior, en el que el partido ratificó su “repudio absoluto a la injusta condena y detención” de la expresidenta que, dicho sea de paso, sigue siendo la jefa del PJ a nivel nacional pero no puede ejercer una conducción completa, dadas las restricciones que le impuso la Justicia en la prisión domiciliaria de San José 1111.

De hecho, uno de los objetivos por los cuales el kirchnerismo buscará recuperar el poder es otorgarle a Cristina un indulto, pero eso es parte por ahora de un futuro de ciencia ficción. En el actual escenario político, evalúan distintos sectores del peronismo, Milei tiene amplias posibilidades de buscar su reelección el año próximo, con lo cual empieza a extenderse el propósito de mantener la provincia de Buenos Aires como un bastión de resistencia.

Es la misma lógica que aplicó el panperonismo cuando apeló a la división de la oposición en 2023 y alentó –por medios extraoficiales- el crecimiento de un candidato outsider. El fenómeno lo terminó encarnando Milei y como resultado, un mismo domingo de octubre de aquel año, Sergio Massa se metió en el balotaje presidencial y Kicillof fue reelecto como gobernador. ¿Y si en 2027 el sacrificio lo tuviera que hacer el propio Kicillof?

En la sucesión del actual gobernador subyace la interna más grande que tendrá el peronismo desde la segunda mitad de este año. El cierre de la lista de unidad forjó una tregua de escasos meses, ya que el kirchnerismo y el axelismo comenzarán a disputar acto seguido la candidatura para ocupar el sillón de Dardo Rocha, que –al menos en la foto de hoy-, el PJ tendrá más chances de conseguir que el de Rivadavia, salvo que la economía de Milei se desbarranque.

Por eso un dato central del acuerdo es que Máximo Kirchner presidirá el Congreso del PJ bonaerense, que funciona como un parlamento interno y tiene la facultad de convalidar alianzas y candidaturas. Tampoco pasa inadvertido que el titular de la Junta Electoral será Leonardo Nardini, el intendente de Malvinas Argentinas que integra las filas del kirchnerismo. Los fieles de la expresidenta avisan así que quieren poner al próximo candidato a gobernador.

“Si Axel va a ser candidato a presidente, entonces tiene que soltar la provincia”, resumen su visión en el kirchnerismo. Cerca del gobernador relativizan el nuevo cargo que tendrá Máximo desde marzo: “El Congreso se reunió dos veces en cuatro años; es un premio consuelo”, sostienen en La Plata. Está visto que la lista de unidad que acaba de cerrar el peronismo bonaerense responde más a una necesidad política que a objetivos mancomunados y proyectos a futuro.

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