América Latina se consolidó como la segunda región más grande para Starlink, detrás de América del Norte, con cerca de 2 millones de accesos de banda ancha y el 21,7% de sus clientes. En 2025, la base de abonados se duplicó y generó ingresos por servicios de banda ancha cercanos a US$ 5.900 millones, según un informe de Dataxis.
El dato relevante no es solo el volumen, sino su traducción competitiva: pese a explicar apenas el 1,2% del mercado regional de accesos, Starlink ya alcanzaba el puesto 12 entre los mayores proveedores de internet (ISPs) de América Latina. Esa posición se explica por una tasa de crecimiento del 114%, la más alta de la región, de acuerdo al mismo informe.
En ese marco, 2026 sumaría dos nuevos mercados: Bolivia y Venezuela. La segunda plaza aparece condicionada por restricciones geopolíticas, aunque con señales de tráfico previo que la ubican como un país a observar, siempre según Dataxis.
La distribución por país muestra un patrón nítido: Brasil concentra el 32,2% de la base regional, seguido por Argentina (20,0%) y México (17,2%). Más atrás aparecen Chile (7,5%), Colombia (6,3%) y Perú (2,9%), mientras que el conjunto de “otros” mercados suma 13,9%. Los datos corresponden al cuarto trimestre de 2025 y provienen de Dataxis.
La lectura para el negocio es doble. Por un lado, la constelación ya compite por escala en los principales países. Por otro, el crecimiento se apoya en mercados donde la banda ancha terrestre tiene brechas persistentes de cobertura o de calidad, lo que empuja a hogares y empresas a soluciones satelitales de baja latencia.
La experiencia argentina aporta un antecedente útil: Mercado registró episodios de saturación localizada y restricciones a nuevas altas en zonas de alta demanda, un límite operativo que obliga a administrar capacidad por celdas y a segmentar la oferta.
La expansión regional convive con un giro comercial que reconfiguró el vínculo entre demanda y tarifas. En 2025, Starlink abandonó la lógica de tarifa plana y avanzó hacia esquemas por consumo o capacidad, con paquetes y recargas, una herramienta para ordenar congestión y mejorar la asignación de red.
En paralelo, el frente regulatorio se volvió más exigente. Brasil es el caso más claro: luego de autorizar ampliaciones, el regulador estructuró una agenda que combina conectividad, sostenibilidad orbital, competencia y alineamiento internacional, con impacto directo sobre el despliegue y las condiciones de operación de constelaciones no geoestacionarias.
La tercera arista es la capacidad futura. La señal más reciente es la habilitación para avanzar con una nueva fase de despliegue que incrementa la oferta de satélites, un factor clave para sostener el crecimiento comercial en mercados de demanda creciente.
El avance hacia el top 10 regional ocurre con un competidor en aceleración: el Proyecto Kuiper de Amazon. El eje de la disputa es menos tecnológico que económico: quién logra escalar constelación, terminales, acuerdos regulatorios y una estructura de precios que combine previsibilidad con capacidad suficiente en los mercados más intensivos.
En síntesis, la región dejó de ser un mercado complementario y pasó a ser una pieza de volumen para Starlink. La combinación de crecimiento, segmentación tarifaria y regulación más activa definirá si el salto desde el puesto 12 se convierte, efectivamente, en un ingreso al top 10 regional durante 2026.
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