La historia del vino italiano ha sido todo menos lineal. Entre épocas de esplendor y momentos de franca caída en la calidad, Italia aprendió que la diversidad sin control no siempre juega a favor. Durante años hubo poca supervisión, escasa coordinación y, paradójicamente, poco aprecio por lo propio.
“Para hacer calidad, los productores debían ponerse de acuerdo, y por eso comenzaron a crearse los consorcios”, explica Giovanni Orlotti, director de la importadora de vinos italianos Orfe.
Ese proceso de ordenamiento dio un paso clave en 1979 con la creación de la Federdoc (Federazione dei Consorzi di Tutela delle Denominazioni di Origine), organismo encargado de la supervisión nacional de las denominaciones de origen.
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Franciacorta
Hoy, cerca del 85 % de las exportaciones italianas pasan por su paraguas, con casos emblemáticos como Prosecco o Chianti. Federdoc trabaja alineada con la normativa de la Unión Europea y ha incorporado con fuerza la sostenibilidad como eje, en colaboración con referentes como la guía Gambero Rosso.
“Existe una comisión que revisa todos los procesos. Valoritalia fue uno de los organismos fundadores de Federdoc y se encarga de evaluar químicamente los vinos para su control”, añade Orlotti.
Mientras los tintos suelen llevarse los reflectores, hay blancos, con y sin burbujas, que cuentan otra historia de Italia. Lombardía guarda uno de esos grandes secretos: Franciacorta, una DOCG de espumosos que juega en la misma liga que los mejores del mundo.
Aunque su tradición es anterior, fue en 1990 cuando los productores se organizaron para regular y elevar el estándar de calidad.
Franciacorta se vinculó pronto con la moda, el cine y el arte, gracias a su método de elaboración y perfil refinado, y hoy busca consolidarse también como destino enoturístico. En la mesa, su afinidad natural es con pescados y mariscos de mar.
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Viñedos italianos
En el otro extremo está una uva famosa y, muchas veces, injustamente subestimada: Pinot Grigio. En realidad, se trata de una mutación del Pinot Noir emparentada con el Pinot Bianco.
Es delicada en el viñedo, la baya se rompe con facilidad, pero responde muy bien en climas fríos y con maduración controlada, como explica José Luis Umaña, vicepresidente de la Asociación de Sommeliers Mexicanos y embajador de la DOC Delle Venezie.
Su expresión más seria y de alta gama proviene del noreste de Italia, en la DOC Delle Venezie, que abarca Veneto, Friuli-Venezia Giulia y Trentino, con más de 27 mil hectáreas plantadas, frente a las 32 mil del resto del país.
Una región con fuerte herencia austrohúngara, agrega Umaña, donde el Pinot Grigio convive con otras variedades blancas y, en algunos casos, incluso se elabora como espumoso.
Para entender estas dos caras del vino blanco italiano, aquí tres ejemplos claros y bien ejecutados:
Ricci Curbastro Brut
Espumoso de Franciacorta elaborado con 60 % Chardonnay, 30 % Pinot Bianco y 10 % Pinot Noir. Pasa 38 meses de reposo sobre lías, lo que le da complejidad, cremosidad y una burbuja fina, sin perder frescura.
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Viñedos italianos
Ricci Curbastro Rosé Brut
Un rosado serio y gastronómico, con 80 % Pinot Noir y 20 % Chardonnay. También con 38 meses de reposo, destaca por su estructura, notas de fruta roja sutil y una acidez precisa que lo hace muy versátil en la mesa.
Tommasi Pinot Grigio Delle Venezie DOC
Ejemplo claro del Pinot Grigio bien hecho: fresco, limpio y con buena tensión. Proveniente del noreste italiano, expresa notas de pera, manzana verde y flores blancas, con una acidez equilibrada que lo aleja del perfil neutro y lo acerca a un blanco honesto, gastronómico y con identidad.
